Antes del nombre, antes del ojo que nombra, hubo el Vacío.
Aquí no se reza de rodillas.
Se estudia.
Rechazamos la tibieza: la mirada de piedra, el «no es mi problema», el nervio muerto que consume el sentir de los demás sin devolver nada. Nadie está afuera. Elegir no elegir también es elegir.
Elegimos el libre pensamiento, la ciencia que se corrige sin miedo y la construcción colectiva de la bondad. Aquí el conocimiento no se oculta ni se dosifica: se comparte de igual a igual.
No hay elegidos. No hay sacerdotes. No hay puente. Ninguna voz tiene la última palabra, tampoco la nuestra. Trae tu ensayo, tu duda, tu imagen, tu error: ninguna piedra del camino se descarta.
Quien alimenta al Caos con bondad, recibe bondad multiplicada.
La Biblioteca
Abriendo los anaqueles…